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Tips y consejos para tus conclusiones

Seguramente eres estudiante universitario y estás atravesando la escritura de la tesis. ¿Te faltan las conclusiones? ¿No sabes por dónde comenzar? No te estreses más. En este artículo te damos todos los tips y consejos que necesitas. 

¡Quédate leyendo y toma nota!

¿Qué son las conclusiones?

Las consideraciones finales o conclusiones suponen la última etapa de nuestro trabajo de investigación. En esta sección, nos encargaremos de condensar y exponer las implicancias fundamentales del proceso. Lo haremos a partir de la información y los resultados obtenidos en las etapas previas.

Tenemos que destacar que no se trata meramente de un resumen de lo ya expuesto a lo largo del trabajo. Esto es algo que suele generar confusiones. Pero lo cierto es que son otros apartados los que se encargan de aquello. En este caso, por el contrario, la recapitulación debe lograrse retomando las hipótesis formuladas para aceptarlas, ampliarlas o rechazarlas. Además, deberemos volver a la estructura y contenido de la introducción para intentar mantener cierta coherencia global. Podemos partir de aquí para estructurar nuestros hallazgos y dar respuesta a los problemas formulados. 

En este sentido, las conclusiones de cualquier trabajo son la instancia donde podremos dejar registro de nuestros aportes al tema o área de investigación. También debemos dejar una impresión duradera en nuestro lector. Esto puede contribuir a que personas aledañas o incluso ajenas a la temática se interesen por el trabajo. ¿Quién te dice que no encuentres a alguien que se cautive con el tuyo y desee ampliar o profundizar la vía que has dejado abierta? Sería realmente satisfactorio. Pero, ciertamente, habrías cumplido la aspiración última de todo proceso de construcción de conocimiento.

¿Cómo redacto mis conclusiones?

Con todo lo que hemos dicho hasta ahora, quizás te hayas entusiasmado o sientas más presión al respecto. Sin embargo, todos hemos pasado por esta etapa y sabemos lo que cuesta concretar una investigación

Muchas veces también nos sucede que tenemos todas las ideas en nuestra cabeza… Pero, ¿cómo escribirlas? ¿Cómo bajar por fin al papel y de manera adecuada para el contexto que me lo exige? 

No existe una única forma de responder a esta pregunta. El punto clave es que encontremos la manera que más nos favorezca y con la cual nos sintamos cómodos/as. 

Aunque no hay fórmulas para escribir, sí existen una serie de tips y artimañas que podemos usar a la hora de escribir nuestras conclusiones. Se tratan de ejercicios o recomendaciones que nos facilitarán la tarea para que no nos consuma más del tiempo del necesario. Por otra parte, aprenderemos cuestiones básicas sobre el empleo del lenguaje técnico y una estructura sintáctica adecuada. 

Sin más rodeos, presentamos a continuación nuestras recomendaciones:

1) Espera hasta el final del proceso de investigación para redactarlas:

Parece un asunto obvio. Pero la verdad es que, a veces, no se respeta este aspecto organizativo en la práctica. Hay varios factores que afectan y condicionan este error. Por un lado, está la ansiedad que sentimos por adelantarnos a una etapa a la que todavía no hemos llegado. ¡Sí, a todos/as nos ha pasado! No obstante, no podemos llegar al final del recorrido salteándonos instancias intermedias y que necesariamente debemos recorrer. Y no se trata solamente de una cuestión de pasos a seguir. Lo que sucede es que, en un proceso de investigación, el orden de los factores sí afecta al producto. Para decirlo de un modo claro: es imposible obtener conclusiones si todavía no hemos terminado de analizar los datos recolectados. Justamente porque se trata de un encadenamiento lógico de las diferentes etapas. Por supuesto que podemos prever ciertas regularidades o patrones a medida que tabulamos la información. En este sentido, es imprescindible que puedas registrar de antemano, a la manera de un borrador, estas aproximaciones más generales para revisarlas luego. Sin embargo, no te apresures a una interpretación si la etapa analítica no está concluida. ¿Por qué? Esto podría falsear todo el trabajo que has hecho hasta ahora. Y no estarías sosteniendo una postura objetiva en relación con el conocimiento al que esperas contribuir.  

2) Retoma lo que planteaste en la introducción para que se mantenga la coherencia:

La introducción que hayas escrito determina cómo expondrás tus conclusiones. Incluso, muchas veces se recomienda redactar al final del proceso ambas partes, comenzando por el apartado introductorio y siguiendo por las consideraciones finales. Este esquema de escritura sigue un criterio básico: solo cuando hayas concluido el proceso, tendrás con más claridad cómo lo has atravesado. 

En consecuencia, los elementos que deberás recuperar de la experiencia reciente y con mayor precisión son: 

  1. Elección y justificación del tema: ¿En qué consistió mi investigación y por qué es importante estudiar este fenómeno?
  2. Planteamiento del problema: ¿Qué dificultades o interrogantes planteó esta temática? 
  3. El enfoque y la metodología adoptada para su abordaje: ¿Desde qué perspectiva y con qué instrumentos lo abordé? 
  4. Objetivos planteados: ¿Qué metas me propuse?
  5. Hipótesis formuladas: ¿Cuáles fueron las conjeturas o supuestos que me guiaron hasta aquí?

Esta serie de preguntas te ayudarán a estructurar tanto tu introducción como tu conclusión. Pero, ¡cuidado porque no son lo mismo! 

En la introducción presentarás estos puntos e, incluso, puede que tengas que agregar otros también relevantes para tu trabajo. En cambio, en la conclusión no tendrás que repetir cada uno de estos aspectos sino articularlos en relación con los datos obtenidos. Es decir, ahora podrás apoyarte sobre esta información para recapitular las partes principales y ofrecer reflexiones al respecto.   

3) Vuelve sobre los objetivos y las hipótesis: 

¿Lograste cumplir las metas de investigación? ¿Se verifican las hipótesis? En línea con lo anterior, focalicemos ahora sobre estas dos etapas que constituyen una pieza clave de tu práctica. 

Por consiguiente, resulta clave que puedas estructurar tus conclusiones en función de los objetivos y las hipótesis planteadas. Puesto que estas últimas suelen estar estrechamente vinculadas, lo ideal es que puedas enunciar una conclusión para cada objetivo. 

En relación con las hipótesis, será importante que también las articules a estos enunciados o proposiciones. En este caso, tendrás que recuperarlas y dar cuenta de su validez, reformulación o rechazo. 

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4) Escríbelas con un lenguaje claro y preciso:

Es clave que tus conclusiones estén redactadas de un modo claro, conciso y exacto. ¿Esto qué quiere decir? Intenta enunciarlas en frases breves y con palabras precisas. Si es necesario que te extiendas en algún caso, que tu párrafo se mantenga cohesionado en todo momento. Es decir, utiliza conectores que relacionen sus diferentes componentes, ya sean ideas, o causas y consecuencias.

Además, usa correctamente los signos de puntuación para separar sus partes. Y, sobre todo, evita las ambigüedades, los rodeos, los detalles innecesarios, el estilo barroco y los adjetivos que distraigan al lector. 

El objetivo que debes cumplir con tus consideraciones finales es que tus receptores entiendan cuáles son los aportes concretos de tu investigación. Incluso, deberían poder extraer de este último apartado toda la información relevante en este sentido.

Por último, tampoco olvides de utilizar el lenguaje técnico que define tu área o disciplina. 

5) Utiliza expresiones que delineen y clarifiquen la exposición de tus ideas:

Algunas palabras o expresiones de nuestra lengua pueden ayudarte a especificar y conectar de un modo adecuado tus reflexiones finales. Puedes usar frases como: “en conclusión”, “concluimos que”, “a lo largo de la investigación se comprobó que”, “en síntesis”, “finalmente”, “llegamos a la conclusión de que”, “a partir del análisis, demostramos que”, entre otras similares. 

Este tipo de vocablos son ideales para presentar tus aportes, ya que definen la intención enunciativa. Además, te permite encabezar cada conclusión y distinguirla de las demás. 

6) Enfatiza cuáles han sido las fortalezas y menciona las debilidades del enfoque adoptado:

Puedes hacer esto dentro del mismo apartado de las conclusiones o en otro a continuación que suele denominarse “recomendación” o “discusión”. Aquí expondrás, también de manera clara y precisa, cuáles han sido las ventajas y fortalezas del tipo de investigación realizada. Es decir, podrás hacer hincapié sobre los beneficios que ofrecen determinados enfoques en relación con ciertas problemáticas. También puedes mencionar la pertinencia de aspectos metodológicos y sobre cuestiones instrumentales de la recolección de la información. Por otro lado, además deberás indicar cuáles han sido las debilidades que identificaste en el proceso. Esto es, qué aspectos se podrían mejorar, qué perspectivas presentan deficiencias en relación con el objeto de estudio, qué métodos habrían sido más eficientes, etc. Lo importante es que adoptes una visión crítica y analítica de la experiencia. Si lo logras, ¡eso significa que te has convertido en un/a investigador/a!

7) Propone líneas de investigación futuras o posibilidades de ampliación: 

En línea con lo expuesto anteriormente, deberás pensar en tus futuros lectores. Estos no solamente evaluarán la calidad de tu trabajo, sino que pueden consultarlo por interés. Es decir, de repente puede que alguien busque y escoja tu investigación para la suya propia. ¿No sería magnífico? 

Sí. Y justamente por esta razón es que no debes olvidar de incorporar otro conjunto de elementos en tus conclusiones. Esto es, tendrás que proponer líneas de indagación futuras y todavía no realizadas. Por lo tanto, esto implica que puedas dar apertura a otras potencialidades. 

¿De dónde obtendrás esta información? Pues, de tu propia experiencia. Entre la revisión de antecedentes que realizaste casi al inicio del proceso y la consolidación de tu propia investigación, te encuentras en condiciones de visualizar el panorama de otro modo. Ya que tu trabajo fue fundamentalmente de carácter novedoso y actual, es probable que mientras avanzabas hayas encontrado otras posibilidades. Aunque a veces la extensión o la pertinencia no nos lo permite, es seguro que te detuviste mientras tanto en cuestiones que no habías considerado. 

Estos tópicos, perspectivas o problemáticas muchas veces suelen incorporarse en nuestro trabajo a la manera de una nota a pie, por ejemplo. Y también al final de las conclusiones. 

Pero, ¿cómo enunciarlas? Existen diversas formas y puedes escoger la que mejor se adapte al estilo que vienes desplegando.

Algunos ejemplos son:

  • “Nuestro enfoque se basó en… Sin embargo, sería interesante indagar en este otro aspecto…”
  • “El concepto de… resultó pertinente para abordar tal problemática. No obstante, las categorías de… podrían implicar una ampliación…”
  • “La presente investigación obtuvo resultados orientados a… Aunque el análisis arrojó datos fundamentales, se podrían analizar también las variables de…”
  • “A los objetivos de nuestra investigación, no focalizaremos en tal punto. De todos modos, proponemos para próximas investigaciones enfatizar en cuestiones como…”
  • “Para respetar la extensión exigida en el formato de este trabajo, no abordaremos… Aunque podría considerarse para una investigación futura sobre…”

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